En el horizonte, esta la piel que le falta al corazón.
El aroma nocturno abraza al cuerpo petrificado,
En el borde de la cama, el alma seca busca en las sombras,
La lujuria de unos besos, perdidos en lo profundo del colchón.
Detrás de la ventana,
la luna vigila silenciosamente desde su escondite.
Los rayos zurcen la piel que cuelga del cuello a las sabanas,
La alfombra se moja de lágrimas celeste.
La seda del pabellón se retuerce entre los pies descalzos.
La mirada pérdida, en el árbol de la vida,
Y el cordón de plata se disuelve entre los dedos
Del ente que está… del otro lado del jergón.
Thalía Castro Ponce.