viernes, 02 de diciembre de 2011

El día muere y apenas despierto

Para abrazar la mentira

De un sueño, en el que la parca no me

Envuelve entre los pliegues de su manto.

 

Está ahí,

Mirando un cuerpo descompuesto,

Que bajo su mano

Irreverente se estremece de placer.

 

Esta noche lo siento tan cerca,

Que su mano me brinda

El frío mimo que el corazón inerte

Necesita.

 

El placer que de sus ojos emana,

Sabe en su esplendor enervante

Intenta encontrar la lujuria de unos besos

Que con el tiempo se han vuelto inútiles.

 

Las caricias tensan

La carne dormida, mientras el alma

Vuela al rincón más cercano de la

Habitación, dejando al cuerpo a merced

Del placer que le brindan

Los diestros dedos de un amante sin

Rostro al que jamás podrá besar.

 

Sus labios carmín dibujan el contorno

de una clavícula expuesta.

 

Las sabanas

Bosquejan una silueta exánime que desaparece

Mientras una niebla flota sobre el féretro

Que alguna vez fuese mi cama.

 

Hombre de la sombra, te veo en el mundo mortal,

Mírame sin miedo a lo que puedas ver.

                                                             

                                                         Thalía Castro Ponce.


Publicado por Nidaval @ 3:27 PM  | mis escritos
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