El día muere y apenas despierto
Para abrazar la mentira
De un sueño, en el que la parca no me
Envuelve entre los pliegues de su manto.
Está ahí,
Mirando un cuerpo descompuesto,
Que bajo su mano
Irreverente se estremece de placer.
Esta noche lo siento tan cerca,
Que su mano me brinda
El frío mimo que el corazón inerte
Necesita.
El placer que de sus ojos emana,
Sabe en su esplendor enervante
Intenta encontrar la lujuria de unos besos
Que con el tiempo se han vuelto inútiles.
Las caricias tensan
La carne dormida, mientras el alma
Vuela al rincón más cercano de la
Habitación, dejando al cuerpo a merced
Del placer que le brindan
Los diestros dedos de un amante sin
Rostro al que jamás podrá besar.
Sus labios carmín dibujan el contorno
de una clavícula expuesta.
Las sabanas
Bosquejan una silueta exánime que desaparece
Mientras una niebla flota sobre el féretro
Que alguna vez fuese mi cama.
Hombre de la sombra, te veo en el mundo mortal,
Mírame sin miedo a lo que puedas ver.
Thalía Castro Ponce.