Muy buen dia a todos vosotros, aqui les dejo otro cuento de este par de hermanos...
No olviden dejar comentarios!!!
Saludos
EL ACERTIJO
Érase
una vez el hijo de un rey, a quien entraron deseos de correr mundo, y
se partió sin más compañía que la de un fiel criado. Llegó un día a un
extenso bosque, y al anochecer, no encontrando ningún albergue, no
sabía dónde pasar la noche. Vio entonces a una muchacha que se dirigía
a una casita, y, al acercarse, se dio cuenta de que era joven y
hermosa. Dirigióse a ella y le dijo:
- Mi buena niña, ¿no nos acogerías por una noche en la casita, a mí y al criado?
-
De buen grado lo haría -respondió la muchacha con voz triste-; pero no
os lo aconsejo. Mejor es que os busquéis otro alojamiento.
- ¿Por qué? -preguntó el príncipe.
- Mi madrastra tiene malas tretas y odia a los forasteros contestó la niña suspirando.
Bien
se dio cuenta el príncipe de que aquella era la casa de una bruja; pero
como no era posible seguir andando en la noche cerrada, y, por otra
parte, no era miedoso, entró. La vieja, que estaba sentada en un sillón
junto al fuego, miró a los viajeros con sus ojos rojizos:
- ¡Buenas
noches! -dijo con voz gangosa, que quería ser amable-. Sentaos a
descansar-. Y sopló los carbones, en los que se cocía algo en un
puchero.
La hija advirtió a los dos hombres que no comiesen ni
bebiesen nada, pues la vieja estaba confeccionando brebajes nocivos.
Ellos durmieron apaciblemente hasta la madrugada, y cuando se
dispusieron a reemprender la ruta, estando ya el príncipe montado en su
caballo, dijo la vieja:
- Aguarda un momento, que tomarás un trago, como despedida.
Mientras
entraba a buscar la bebida, el príncipe se alejó a toda prisa, y cuando
volvió a salir la bruja con la bebida, sólo halló al criado, que se
había entretenido arreglando la silla.
- ¡Lleva esto a tu señor! -le
dijo. Pero en el mismo momento se rompió la vasija, y el veneno salpicó
al caballo; tan virulento era, que el animal se desplomó muerto, como
herido por un rayo. El criado echó a correr para dar cuenta a su amo de
lo sucedido, pero, no queriendo perder la silla, volvió a buscarla. Al
llegar junto al cadáver del caballo, encontró que un cuervo lo estaba
devorando.
«¿Quién sabe si cazaré hoy algo mejor?», se dijo el criado; mató, pues, el cuervo y se lo metió en el zurrón.
Durante
toda la jornada estuvieron errando por el bosque, sin encontrar la
salida. Al anochecer dieron con una hospedería y entraron en ella. El
criado dio el cuervo al posadero, a fin de que se lo guisara para
cenar. Pero resultó que había ido a parar a una guarida de ladrones, y
ya entrada la noche presentáronse doce bandidos, que concibieron el
propósito de asesinar y robar a los forasteros. Sin embargo, antes de
llevarlo a la práctica se sentaron a la mesa, junto con el posadero y
la bruja, y se comieron una sopa hecha con la carne del cuervo. Pero
apenas hubieron tomado un par de cucharadas, cayeron todos muertos,
pues el cuervo estaba contaminado con el veneno del caballo.
Ya no
quedó en la casa sino la hija del posadero, que era una buena muchacha,
inocente por completo de los crímenes de aquellos hombres. Abrió a los
forasteros todas las puertas y les mostró los tesoros acumulados. Pero
el príncipe le dijo que podía quedarse con todo, pues él nada quería de
aquello, y siguió su camino con su criado.
Después de vagar mucho
tiempo sin rumbo fijo, llegaron a una ciudad donde residía una
orgullosa princesa, hija del Rey, que había mandado pregonar su
decisión de casarse con el hombre que fuera capaz de plantearle un
acertijo que ella no supiera descifrar, con la condición de que, si lo
adivinaba, el pretendiente sería decapitado. Tenía tres días de tiempo
para resolverlo; pero eran tan inteligente, que siempre lo había
resuelto antes de aquel plazo. Eran ya nueve los pretendientes que
habían sucumbido de aquel modo, cuando llegó el príncipe y, deslumbrado
por su belleza, quiso poner en juego su vida. Se presentó a la doncella
y le planteó su enigma:
- ¿Qué es -le dijo- una cosa que no mató a ninguno y, sin embargo, mató a doce?
En
vano la princesa daba mil y mil vueltas a la cabeza, no acertaba a
resolver el acertijo. Consultó su libro de enigmas, pero no encontró
nada; había terminado sus recursos. No sabiendo ya qué hacer, mandó a
su doncella que se introdujese de escondidas en el dormitorio del
príncipe y se pusiera al acecho, pensando que tal vez hablaría en
sueños y revelaría la respuesta del enigma. Pero el criado, que era muy
listo, se metió en la cama en vez de su señor, y cuando se acercó la
doncella, arrebatándole de un tirón el manto en que venía envuelta, la
echó del aposento a palos. A la segunda noche, la princesa envió a su
camarera a ver si tenía mejor suerte. Pero el criado le quitó también
el manto y la echó a palos.
Creyó entonces el príncipe que la
tercera noche estaría seguro, y se acostó en el lecho. Pero fue la
propia princesa la que acudió, envuelta en una capa de color gris, y se
sentó a su lado. Cuando creyó que dormía y soñaba, púsose a hablarle en
voz queda, con la esperanza de que respondería en sueños, como muchos
hacen. Pero él estaba despierto y lo oía todo perfectamente.
Preguntó ella:
- Uno mató a ninguno, ¿qué es esto?
Respondió él:
- Un cuervo que comió de un caballo envenenado y murió a su vez.
Siguió ella preguntando:
- Y mató, sin embargo, a doce, ¿qué es esto?
- Son doce bandidos, que se comieron el cuervo y murieron envenenados.
Sabiendo
ya lo que quería, la princesa trató de escabullirse, pero el príncipe
la sujetó por la capa, que ella hubo de abandonar. A la mañana, la hija
del Rey anunció que había descifrado el enigma y, mandando venir a los
doce jueces, dio la solución ante ellos. Pero el joven solicitó ser
escuchado y dijo:
- Durante la noche, la princesa se deslizó hasta mi lecho y me lo preguntó; sin esto, nunca habría acertado.
Dijeron los jueces:
- Danos una prueba.
Entonces
el criado entró con los tres mantos, y cuando los jueces vieron el gris
que solía llevar la princesa, fallaron la sentencia siguiente:
- Que este manto se borde en oro y plata; será el de vuestra boda.
FINIS
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