Capitulo 4.
Esa tarde abrí los ojos de golpe, ya no quería mirarle en mis sueños, no quería mas ver esos ojos que me enloquecieron toda mi vida, cada noche era lo mismo, su mirada adentrándose en mi ser, su sonrisa llenando mi alma, cuanto tiempo había pasado ya?, cuando fue que caí perdido ante su misticismo?, ese día no lo olvidare jamás… la plaza, el bullicio, la gente, el sol…. Aun recuerdo ese sol, como si fuese el ultimo que hubiera visto, y ella, ella mirándome con su mirada altiva, con sus ojos gitanos… ahí estaba, hermosa como siempre lo ha sido, con su cabello oscuro sobre el rostro, estaba soñando?
Comencé a caminar lentamente hacia ella, parecía perturbada, como si algo le ocupara, eso me atrajo inmediatamente, había demasiada gente y el caminar era difícil, empecé a hacer a un lado a las personas que se cruzaban en mi andar, claro sin ser grosero, no quería comenzar una pelea nuevamente, mientras me acercaba mas a ella no dejaba de mirarla, ¿Qué tenia que me sentía embrujado?, de pronto un ser inmenso se atravesó en mi camino, la perdí de vista, y me hice a un lado para esquivar a ese Goliat que me estorbaba, sin embargo cuando la busque nuevamente ya no logre hallarla, busque desesperadamente de un lado a otro, pero había tanta gente que me fue imposible, no podía creerlo, no era posible, no podía desaparecer así como si nada; aun así decidí seguir caminando hacia donde la había visto.
-Tal vez regrese a ese lugar en algún momento- pensé en voz alta, llegue al macetero en el que ella había estado sentada, baje lo que llevaba al suelo, y me senté.
Hacia demasiado calor.
Fue cuando decidí entonces buscar algo que pudiera refrescarme, no hizo falta buscar mucho, pues casi enfrente de mi a unos cuantos pasos, se encontraba un pequeño establecimiento, que por cierto estaba atiborrado de personas, así que me levante, tome mi paquete del suelo y me acerque, libre a un par de personas mas, y me di cuenta de que el pedir una cerveza ahí, seria una tarea titánica, bien, decidí esperar mi turno, el cual no existía, pues ahí reinaba la ley del mas fuerte, o el mas capaz, o el mas astuto.
Siempre he sido una persona que evita los problemas, no me agrada para nada la violencia, pero en ciertas ocasiones es necesaria, lamentablemente. Fue cuando decidí hacer acopio de mis aptitudes.
-Oh Dios mío, que alguien me ayude- Suplicaba, me lleve las manos al abdomen y comencé a retorcerme un poco, nadie parecía notarlo o simplemente no les importaba, decidí ir un poco mas allá, me acerque a un señor ya de avanzada edad, sus ropas eran antiguas, un traje de lana en color gris, botines de charol, y lo mas asombroso de aquel atuendo era un sombrero color gris, era imponente su imagen en aquel lugar lleno de personas indeseables.
-¿podría usted ayudarme señor?- le pegunte, mis ojos le miraron fijamente con un aire de sufrimiento.
-Santo cielo, ¿pero que es lo que te pasa hijo?- me contesto, y firmemente me sujeto del brazo.
-Creo que voy a desplomarme- le indique, y deje caer mi cuerpo hacia el.
-Pero ¿Qué es lo que te ha pasado?- me pregunto asombrado, su brazo hizo acopio de mas fuerzas para que no cayera.
-Creo que ha sido el exceso de calor y el sol- dije suavemente, como si ya no tuviera fuerza ni para hablar.
-Esta bien hijo, todo estará bien- me decía, -Por favor denme de inmediato una botella de agua, este joven esta sufriendo un cuadro de insolación y deshidratación- suplicaba.
No creía que funcionara tan rápido, generalmente los humanos evitan meterse en problemas, aunque este en peligro la vida de alguien mas, la mayoría de ellos prefiere mantenerse al margen de situaciones que les causen problemas.
Que patéticos.
En menos de lo que espere, una botella de agua llego a donde nos encontrábamos, el señor la tomo con su mano, mientras con su cuerpo hacia lo posible por detenerme.
-Voy a recostarte en el suelo hijo, mientras abro la botella, ¿esta bien?- me pregunto.
-Claro, no hay problema- le conteste, pero cuando el señor comenzó a bajarme, ¡la vi de nuevo!, caminaba justamente a donde la vi por primera vez, llevaba consigo lo que parecía una bolsa de golosinas, ¡Que Hermosa es!, se sentó de nuevo en la macetero con un aire infantil, pues se disponía a disfrutar aquellos caramelos, inmediatamente, me apoye de aquel noble señor y me levante de golpe, iba a emprender carrera cuando me interrumpió aquel señor.
-Un momento hijo, aquí esta tu agua, oye!!! ¿Me estabas engañando?- me espeto y su brazo me sujetaba con fuerza. –Contesta infeliz- me grito esta vez.
-Lo siento señor, en verdad lo siento, pero fue usted muy amable- le dije, lo mire unos instantes a los ojos y de un movimiento rápido zafé mi brazo de su mano, di media vuelta y comencé a correr hacia donde se encontraba ella.
-Eso que comes no parece muy saludable- le comente traviesamente, le sonreí.
-Bueno, de vez en cuando hay que darse ciertos gustos- me respondió mientras se llevaba un caramelo a su boca.
-¿Me regalarías uno?, le pregunte y acerque una mano hacia las suyas.
Ella me miro.
En mi corta vida había logrado ver cosas inimaginable, paisajes hermosos, atardeceres hipnóticos, la luna en su mas grande y bella expresión, pero nunca, nunca había sido hechizado como en aquel momento, su mirada era tan dulce, tan inocente, tan expresiva, pero además tenia un toque extrañamente triste, me intrigo.
-¿Acaso no acabas de decirme que esto no es saludable?- me dijo en tono indiferente.
-No creo que uno me haga daño, y si así es, tendré que venir a reclamarte después- le dije mientras seguía sonriéndole.
-¿Reclamarme?, ¿a mi?- me pregunto un tanto irónica, -Si acaso tendrías que reclamarle a aquella señora que me los ha vendido- y su mano se alzo para señalar a una viejecilla que se encontraba a lo lejos.
No tengo ni la menor idea que me impulso, tal vez su hechizo sobre mi, o algún momento de valor inesperado, pero tome su mano en esos momentos, me hinque ante ella, le mire a los ojos, y le dije….
-Quiero que seas la mujer que me haga feliz el resto de mis días, quiero que seas tu quien despierte a mi lado toda mi vida, quiero que seas mi esposa, mi confidente, mi soporte, mi inspiración, mi amante, quiero mirar y perderme en esa mirada tan mística que posees hasta que mis ojos ya no puedan ver mas!, ni siquiera se tu nombre, ni tu edad, como piensas, no se nada de ti, solo se que quiero que seas mía y de nadie mas!!- mis manos temblaban, mi cuerpo temblaba, ¿Qué estoy haciendo? Pensé.
Ella quedo petrificada, sus mejillas se tornaron rojizas, aparto su mano inmediatamente, se levanto.
-Tu si que estas loco!- me dijo sin siquiera mirarme.
-Claro que estoy loco, estoy loco por que sea únicamente mío tu mirar, y tu sonrisa- continúe diciéndole, me levante y busque su mano nuevamente, pero ella esquivaba mis movimientos.
-Yo no podría cumplir nunca eso que pides- me dijo tristemente, se encogió de hombros.
Estaba dispuesto a seguir con esto, pensaba preguntarle porque decía
eso, pero de pronto se acerco una persona y le dijo
fríamente.
-Solo te dejo por unos cuantos minutos y tu naturaleza de zorra hace su aparición- le espeto, se acerco un poco mas para sujetarle el brazo.
-¡Esa no es manera de hablarle a una dama!- le dije furioso, me interpuse entre ellos y aleje su brazo de manera brusca. -¡discúlpate con ella inmediatamente!- le ordene.
-¿Y quien es este infeliz?- le pregunto a ella, - Mira chaval, esto te lo voy a decir una sola vez, mejor aléjate de esta zorrita, cuando menos te lo esperes te habrá cambiado por alguien mucho mejor que tu, que estoy seguro que habrá muchos- me decía, y con uno de sus dedos me empujo por el pecho.
-Y yo tendré que repetirte una vez mas, y ten por seguro que será la ultima vez, que ¡Te disculpes con ella!- le dije furioso, con mi mano izquierda y sin que el tuviera tiempo de reaccionar, tome el dedo que tenia sobre mi pecho, con un rápido y firme movimiento gire mi antebrazo hacia fuera, logrando retorcer todo su brazo, inmediatamente el comenzó a gritar de dolor, y comenzó a hincarse.
-Sigo esperando esa disculpa- le dije fríamente, y con mi mirada lograba intimidarlo un poco mas.
-Por favor, no hagas tonterías!- me dijo ella, voltee para verla, palideció en un instante y se llevo las manos al rostro.
-No permitiré que nadie te falte al respeto, mucho menos un barbaján como este que esta aquí retorciéndose como lo que es, un gusano inmundo- le decía, mientras aplicaba mas firmeza a mi movimiento.
-Es que tu no comprendes lo que haces, por favor, déjalo ya y vete de aquí, no me causes mas problemas de los que ya me has dado en estos momentos- me dijo.
Lo que me dijo en esos instantes me hizo sentir tan mal que solté a aquel rufián, pero no preste atención, estaba destrozado, no lo comprendía, en eso tenia razón, yo simplemente quería defenderla, quería protegerla.
-Tiene un arma!- grito una señora.
Había olvidado por completo la situación en la que me encontraba, voltee rápidamente y note que apuntaba con su arma hacia donde se encontraba ella, no podía estar pasando eso!, di un giro sobre mi cuerpo mientras inclinaba y tomaba posición para soltarle una patada a aquel idiota para poder desarmarlo, alcance mi objetivo, mi ataque fue directo a su rostro, lo que lo dejo inmediatamente fuera de combate.
-¿Pero que acabas de hacer?, ¿ acaso estas loco?- me gritaba ella, se acerco al cuerpo tumbado en el piso, le quito el arma rápidamente y me miro, - no sabes en lo que te acabas de meter- me dijo furiosa.
-Solo quería protegerte-
-Espero que tengas un auto- me dijo, se levanto, se acerco a mi, me tomo por el brazo, y comenzó a correr, las personas presente comenzaron a apartarse de nuestro camino, lográbamos esquivar a la mayoría de los mercaderes, aun así, creo que tiramos algún puesto en nuestra carrera, abandonamos rápidamente la plaza, por suerte ella había comenzado a correr en la dirección correcta, de vez en cuando volteaba para asegurarme de que nadie nos seguía, pero no lograba identificar nada.
Salimos a la avenida principal, había bastante tráfico en las calles y las aceras ahí también estaban repletas de gente, seguimos corriendo y le comente.
- No tengo un auto, pero tengo algo mucho mejor, Una Motocicleta- le dije sin comprender lo que pasaba aun.
-Perfecto!, ¿cual es tu nombre?- me pregunto.
- Mi nombre es Max- le conteste rápidamente.
-Muy bien Max, ¿en donde se encuentra tu moto?- me interrogo sin dejar de correr.
-Dobla aquí a la derecha- le indique, -Es esa que esta al final del corredor-
-¡Vaya!, si que tienes estilo Max!- me dijo.
Llegamos a donde se encontraba mi moto, la monte rápidamente e intentaba nerviosamente encenderla, es irónico como las cosas tienen que fallarte cuando mas las necesitas.
-No enciende- le indique, y con fuerza seguía pisando el pedal para encenderla.
-Hazte a un lado, lo intentare yo- me dijo, y con un solo movimiento me aparto de la moto, piso el pedal y el motor comenzó a marchar, -Ves, no era tan difícil, ¿siempre fallas en los momentos mas importantes?- me pregunto de manera sarcástica.
-Yo conduciré- dijo sin voltear a verme, - así que súbete ya, no perdamos mas el tiempo.
Estaba tan extrañamente excitado por todo, que ni siquiera le cuestione si sabia conducirlas, era obvio que sabia lo que hacia, me senté detrás de ella, y por unos instantes me llegaron a la mente un par de pensamientos lujuriosos de aquella situación, pero ella arranco de una manera tan brusca que me devolvió a la realidad, apenas logre aferrarme a la motocicleta y comenzamos nuestra huida a toda velocidad por las calles de la transitada ciudad, si que era buena con las motos, libraba los automóviles sin siquiera titubear, en un para de ocasiones pasamos la luz roja sin contemplación, solo atinaba a cerrar los ojos y esperar un trágico final, pero no fue así.
-¡Lucy!- me grito.
-Perdón, no entiendo- le conteste.
-Mi nombre es Lucy- volvió a gritarme, diestramente freno la motocicleta derrapándose por un largo trecho de la calle, apago el motor, acomodo el estabilizador de la moto, y se bajo.
-Hemos llegado, baja pronto, ¿o prefieres quedarte ahí?- me dijo
-¿en donde estamos Lucy?- le pregunte, y baje de la moto, mire a mi alrededor, nos encontrábamos en una antigua construcción, el edificio parecía abandonado, pues este se veía bastante descuidado y maltratado, las paredes estaban llenas de pinturas de grafiti, los vidrios estaban la mayoría de ellos rotos, el asfalto que se encontraba frente al edificio sin embargo parecía recién colocado, daba una imagen bastante ambigua, me llamo mucho la atención.
-¡Gracias Max!- me dijo Lucy y se acerco a mi, -Temo que te has metido en un gravísimo problema por mi culpa, se detuvo justo frente a mi, y me beso la mejilla.
-No he hecho mas que protegerte, y lo hare por siempre si me lo permites- le conteste, tome su rostro delicadamente y quise besarla, pero ella se aparto.
-¿Nunca haces caso a lo que te dicen?- me dijo mientras se volvía de espaldas, - te he dicho que no podría cumplirte eso anteriormente, aunque tal vez quisiera-.
-¿A que te refieres con eso?- le pregunte mientras me acercaba a ella.
-¡no te acerques mas!- me ordeno, su voz se quebró por unos instantes, parecía como si comenzara a llorar.
-pero, ¿Qué es lo que pasa?- le pregunte, y le tome por los hombros.
-¡es que no lo entiendes Max!- me grito, volteo rápidamente, sus ojos estaban completamente llenos de lagrimas, -Eres la primera persona que me defiende, la primera persona que arriesga su vida por mi, siempre había sido tratada como una esclava, o peor que eso, el día de hoy por mero milagro logre salir de aquella prisión que tengo por hogar, solo que no lo hice sola, la persona que dejaste inconsciente era uno de sus subordinados, pero no estaba solo, había dos mas, y seguramente en estos momentos están volteando la ciudad entera para buscarme-.
-¿Buscarte?, ¿Quiénes?, ¿de que estas hablando?- le pregunte confuso.
-Me va a matar, y después estoy seguro que te matara a ti- me decía llorando, -cuando nos encuentre será nuestro fin, y tu no tenias porque pasar por todo esto.
- No te preocupes mas por eso, yo no permitiré que nadie ni nada te haga daño, te lo prometo- le indique, me acerque a ella nuevamente, pero me detuvo con un brazo.
-No creo que puedas evitarlo, el tiene mucha gente detrás de el, el domina esta ciudad, en cada esquina, en cada calle, en cada lugar hay alguien que trabaje para el, y no descansara hasta que nos encuentre- decía temerosa.
-No me importa si tiene al mundo entero de su lado, yo no permitiré que nadie te toque siquiera, te lo prometo- le dije.
-¿Por qué haces todo esto, si ni siquiera me conoces?- me cuestiono.
-Porque he encontrado la razón por la que existo, por la que he venido a este mundo y he aprendido lo que me han enseñado, porque sin dudarlo podría dar la vida misma por protegerte, por cuidar de ti, de tu hermosa mirada- le decía.
Ella me miro, y su llanto no cesaba, sorpresivamente se abalanzo sobre mi, y me abrazo fuertemente, su llanto se incremento aun mas, yo le abrace también por un instante, le aparte un poco, y con mis manos sujete su cara, la mire con ternura, aun llorando sus ojos eran divinos, me acerque a sus labios y los bese, los bese tierna y lentamente, y ella no puso mayor resistencia, sus manos buscaron mi pecho y yo continúe besándola, una mano le tomo por la espalda, y cuando ese gran beso estaba en su mejor punto….se aparto.
-Esto no puede ser Max!, - me dijo, - en verdad que no lo entiendes-, se dio media vuelta, su llanto aumento, por un instante se detuvo, quedamos en silencio, no sabia que decir ya, o que hacer, quería acercarme a ella nuevamente, deseaba seguirla besando, abrazarla, pero algo me detenía, no supe si era miedo, no sabia que era, pero en lo que luchaba con migo mismo, mientras trataba de comprender porque estaba ahí con ella, porque había sucedido todo esto, ella nuevamente volteo hacia mi, seco sus lagrimas, y soltó.
-Me encantaría ser tu mujer hasta el ultimo de tus días, daría lo que fuera por ser tuya hasta que tu corazón deje de latir, y entregarte mi vida misma por el resto de tus días, pero eso nunca sucederá, es imposible- me decía casi murmurando.
-Pero dime porque es imposible- le suplique, me acerque de nuevo a ella, le tome las manos y las lleve a mi pecho, le regale una cálida mirada mientras mis manos hacían un poco de presión sobre las suyas, toda mi atención le pertenecía en esos momentos, el mundo pudo comenzar a derrumbarse a nuestros pies y no lo hubiese notado.
-Tengo cáncer!, tengo cáncer en la sangre!- me dijo.
Silencio.
-Pero pueden hacerte- intente decirle, quería animarla, pero ella me detuvo mis palabras.
-Ya lo han intentado todo, he pasado mas de la mitad de mi vida en hospitales, exámenes médicos, me han hecho hasta un trasplante, y nada ha funcionado- me dijo, su mirada estaba perdida, como si estuviera completamente entregada a la resignación.
-Estoy seguro que…- su dedo se poso sobre mis labios haciéndome callar.
-Gracias por demostrarme que en este mundo aun existen cosas hermosas, gracias por regalarme la dicha de haberte conocido- comenzó de nuevo su llanto.
–En verdad me hubiera encantado conocerte en otras circunstancias, pero ahora es tiempo que te marches, no tardaran en dar con migo y no quisiera que te involucraras mas en cosas que no mereces- me susurro al oído.
-No pienso dejarte jamás a partir de este momento, mi vida en estos momentos te pertenece y así será por siempre, ¡princesa mía!-.
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